Reconocimiento



Mercedes por Vicente Puig
y por Mariette Lydis








Tomé el pincel con Mariette Lydís, con quién me vincule en 1953 como modelo. (Marie Ponsperger porque Lydís Gobone es el apellido del marido que era conde) De aquel entonces conservo muchos recuerdos, su cordialidad y vinculaciones me acompañaron durante largos años. El color de sus oleos lejos de ser brillante, como en el caso de Castilla y Puig, usaba más bien tonos bajos tenía por costumbre pintar de noche y en lugar de paleta diluía el óleo sobre una mesita de mármol. Su particular dibujo se distinguió en la abundancia de rostros. Amaba sobre todas las cosas la figura humana. Mientras trabajaba, gustaba oír episodios de la vida de quién posaba, que más tarde plasmaba como fondo. (Ver mi retrato sobre la guerra civil española, que de chica me tocó vivir, 1936/39). Recuerdo haber oído mientras cerraba trato, en ese departamento en la calle Cerrito 1278 cuya terraza decorada por ella era un esparcimiento para el espíritu “No me exijan el parecido con exactitud, si quieren una fotografía, deben ir al fotógrafo. Yo busco otra cosa, la mirada, la luz, la esencia de cada ser”. Excelente ilustradora, sus creaciones marcaron una etapa luminosa y fecunda. Era encantadora, la seguí frecuentando hasta que murió en 1970.

Mi segundo maestro de pintura y amigo, fue Manuel Julián Castilla (Decano del impresionismo en Buenos Aires. Junto con Fernando Fader (mendocino) y Martín Malharro (Azul, Provincia de Buenos Aires). Aún recuerdo el viejo edificio de la calle Suipacha y Córdoba, un cuarto piso lleno de telas y colores para crear nuevas sensaciones con el alma puesta en sus pinceles. A sus 88 años, como decía Apeles, “Ningún día sin una línea”. Su amena charla sobre los viajes a Europa (uno de polizonte). La guerra del 14 que lo pescó en Mallorca. Sus peregrinaciones por Italia  Francia y otros países donde vivió 17 años, hablan de una bohemia que me tenían atrapada día tras día hasta 1960 que falleció.

Un año después, creo que en el 61, en una reunión, conocí al catalán Vicente Puig, excelente pintor y cotizado retratista de la sociedad argentina, amigo de Carlos María Herrera. (Con ellos nace el “Círculo Fomento de Bellas Artes”, me parece haber leído en 1905, fundado con un selecto grupo universitario). En su estudio practiqué la pintura y el idioma. Con su camaradería pasé unos gratos años luchando con el aprendizaje hasta que en 1965, también a él lo llamaron de la otra dimensión

Trabajé más tarde con Eduardo Silva. Talentoso autodidacta y muy buen dibujante, pasándome después al taller de Gabriel Cantilo. Artista plástico, especialista en Godívas y Equinos, donde ejercité el arte del espacio: “La escultura”. Actualmente estoy anclada en ese taller y tomo clase con el prestigioso pintor Ricardo Celma, destacado renacentista, de los pocos que aún van quedando.

Mi recuerdo y gratitud, donde quiera que estén aquellos amigos que ya partieron  y amenizaron mis días con su compañía y enseñanza.